Votos
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Nos comprometemos con la Iglesia a vivir con voto de Castidad, Pobreza y Obediencia, como medios para encarnar en nosotras a Cristo-virgen, a Cristo-pobre, y a Cristo-obediente.

Entendemos que los Consejos Evangélicos constituyen el núcleo esencial o contenido básico de la Vida Religiosa, y el modo mejor de hacer a Cristo presente en nuestras vidas. Con ellos le consagramos toda nuestra persona, con lo que somos, podemos, deseamos o tenemos: ponemos al servicio de Cristo y de su Iglesia nuestra capacidad de amar (=voto de Castidad), nuestra capacidad de poseer (=voto de pobreza) y nuestra libertad o capacidad de auto programación de la vida (=voto de obediencia).

  • Con la Castidad pretendemos encauzar más ordenadamente el amor, amar más desinteresadamente, sin exclusivismos, sin buscarnos a nosotras mismas, pretendiendo sólo hacer felices a los demás.


  • Por la Pobreza aceptamos a Dios como nuestro único bien, y sólo usamos de las cosas en tanto en cuanto son medios para cumplir mejor nuestra misión. No llamamos a nada propio; todo lo ponemos a disposición de la comunidad: nuestros talentos, nuestros trabajos, nuestros derechos… Usamos sin retener, servimos sin apropiar, trabajamos para demostrar amor…


  • Y por la Obediencia nunca hacemos nuestra voluntad, sino la de Dios. Con fe en la actuación de Dios a través de las mediaciones humanas, nos sometemos con amor a Él, aceptando el ordenamiento de nuestras leyes, los mandatos de nuestra Superiora, las exigencias de nuestros horarios, o los acuerdos comunitarios del mismo Cristo se manifiesta presente. Para amar en perfección adherimos nuestra voluntad al querer de Dios, sin imponer nuestros propios criterios o gustos. Es nuestro sacrificio personal, hecho oblación de amor.
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