Vida Contemplativa (Constituciones 58-60)
Volver  

Hemos escogido la mejor parte, escogida en primer lugar por María, “que no le será quitada”, vida a los pies de nuestro Amado, vida de contemplación en el Espíritu, ya que la necesidad de evangelizar y las obras de misericordia terminarán al fin de nuestra vida, pero la contemplación durará siempre: “crecerá en esta vida, se perfeccionará en la otra, pero jamás desaparecerá”.

Esta manera de vivir era la que anhelaba San Agustín cuando estaba inmerso en las preocupaciones de su ministerio, en medio del mundo: “Nadie como yo desea una segura y tranquila vida dedicada a la contemplación; nada mejor, nada más gozoso que, distante de todo bullicio, profundizar en el tesoro divino. Realmente es agradable y satisfactorio”.

También lo expresaba así: “Pongo a Dios por testigo de que, desde mi punto de vista personal, yo preferiría dedicar todos los días algunas horas a un trabajo manual, y el resto del día a tener el tiempo libre para leer, orar y estudiar saboreando las Sagradas Escrituras, tal como está establecido en los monasterios”.

Así intentamos cada día, desde el amanecer alcanzar ese espíritu de contemplación y de unión con Dios que tanto anhelaba nuestro padre San Agustín, ayudando desde nuestro recogimiento a las necesidades de la Iglesia y de la Orden con su especial dedicación a la oración, a la mortificación y al estudio.

 

Dirección: Vicuña Mackenna 420 - Providencia, Santiago
Teléfono: 2 2635 3775 | Teléfono/Fax: 2 2222 2566
E-mail: hnas_contemplativas@msn.com